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Me gusta mucho la obra de Hendrik Beikirich, pero luego les hablo de ella. Hoy quiero escribir sobre el que es conocido como «El Mural más Alto de Asia».

¿Quién es? Según el comunicado de prensa, es un pescador de más de 60 años. Hendrik quería enfatizar el hecho de que aún hubiera gente de esa edad trabajando de esta agonizante profesión.

¿Qué pasa? Que corre el tiempo en que las calles no nos ofrecen más que caricaturas y personajes de Cartoon Network, los artistas afinan su técnica y dejan de lado a la comunidad a la que le están pintando… y Hendrik Beikirich pone, tan alto como puede, en una estructura Koreana, a un personaje más, a algún pescador que le recuerda a la ciudad, que existe, que es un individuo con rostro y nombre.

Ojo, el discurso no reemplaza a la técnica, que en este mural es impecable. En las arrugas del pescador se adivina el callado sufrimiento de años de trabajo duro, el ardor de la piel que se endurece, templada por sol, hambre y esfuerzo. Por eso esta obra es tan poderosa, por eso me pega tanto, porque impone en el corazón de una ciudad, un vistazo al callado sufrimiento de millones, a la dignidad inherente al trabajo duro y a la fuerza del hombre común.

En la base del retrato, Beikirich puso una inscripción en koreano, que en español diría «Donde no hay dificultad, no hay fuerza».

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