Este texto acompaña la exposición homónima en pared.space: http://pared.space/expos/juanpablomedina

La frase “Ya no está disponible”, si se lee con cuidado, revela una rara sombra detrás de la primera impresión. ¿Cuándo se acuñó?, ¿cuándo dejó de estar disponible algo o alguien? No dejo de sentir extrañeza al pensar en las circunstancias que hicieron posible esa frase por primera vez. Implica que hay alguien que busca; algo o alguien que desaparece; y, por último, al acto de percibir la desaparición.

Si bien lo único constante en la vida es el cambio, la percepción del cambio o la ideal del tiempo sí es inherente al humano racional. Pienso que, al inicio, la frase “ya no está disponible” tuvo un matiz jerárquico, como decir que un dios, un patriarca no pueden atendernos o ya no nos escucharán; y luego, adquirió un matiz económico, conforme nos entendemos separados de la naturaleza, y concebimos lo ajeno a nuestro cuerpo como un recurso disponible. El agua, el ganado, el otro ya no está disponible. Y ahora el mundo digital resignificó esa frase: “recurso no disponible”. El código de respuesta convencional, 404, de un servidor, cuando no encuentra un archivo.

Vivimos a mitad del proceso de migración de la «tierra del hombre», como dice Artavazd Peleshyan, al mundo simbólico, o mejor dicho, del ser humano en la tierra al ser humano en su mundo simbólico-digital. Y en el mundo simbólico el poder yace en las ficciones. El dinero, la ficción axial, me remite a un recuerdo simpático: en los primeros años de la exploración espacial y en el fervor por el primer alunizaje, hubo quienes vendieron certificados de posesión de terrenos en la Luna. Aquellos mínimamente civilizados entenderemos que es extraño que la Luna pueda ser poseída por un particular; luego, que pueda ser parcelada y vendida,;y finalmente, que algún otro que nunca la va a habitar, compre un lote lunar. ¿Podemos hablar en nuestros tiempos acerca de la posesión de la tierra digital?

Mishka Henner, en su obra Feedlots, criticó los procesos de engorda de animales con hormonas. Entonces descubrimos de nuevo que el mundo ya no es el mundo en sí mismo sino el mundo después del ser humano. Antropoceno que le llaman. Dice Mishak Henner: «Cuando pienso en esas fotografías, no veo sólo granjas gigantes, veo una actitud hacia la vida y hacia la muerte que existe en la cultura cnotemporánea. Esas imágenes reflejan un plano y un horror que yace en el corazón de nuestra forma de vida.»1 Cuando vemos las fotos satelitales de las minas nos pasa lo mismo.

Reza el famoso anuncio: los diamantes son para siempre, y desde entonces, se ha vuelto costumbre lúdica transformar el relato para disiduadir. La publicidad allana la moral, para que la industria pueda anidar el deseo en lo más hondo del sujeto. Pero el relato del diamante en su totalidad es mucho más complejo: hay que devastar kilómetros de produndidad, remover toneladas de tierra, invertir años de vida humana para obtener la piedra y que llegue al acrítico anillo que lo portará. La publicidad se encargará de seleccionar lo conveniente del relato, y el resto, ya no estará disponible.

El relato lo es todo. Es el juicio de la superestructura a sus sujetos, y es el devenir de ser en sujeto, tu devenir y el mío, dentro del sistema económico y político actual. El problema de ser vigilado es terminar como protagonista de una ficción jugando un rol que no corresponde contigo.

Los instrumentos para analizar y preparar nuestras modificaciones al entorno han cambiado. Ya no actuamos a partir de lo que vemos, oímos o tocamos. La transformación del mundo se ha hecho con sensores y herramientas más allá de la capacidad humana. Más allá de los cinco sentidos y las distintas extremidades. Cuando usamos la tecnología para transformar la realidad, el hombre dejó de ser la medida de todas las cosas. En tal contexto habitamos: bienvenidos a un mundo post humano que escribe su propio relato, se justifica a sí mismo, y borra las huellas de su construcción. ¿Qué nos queda en adelante? Habrá que trastocar la realidad para acceder a lo real. Como decía Bolaño, toca jugar a los detectives salvajes para encontrar los orígenes y sobre todo las implicaciones de lo común cotidiano normal. Las ficciones cotidianas serán perfectas en tanto hayan borrado, como el diamante, todos los trazos que lo dieron forma.

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1. But when I think of these pictures, I don’t just see gigantic farms, I see an attitude toward life and death that exists throughout contemporary culture. These images reflect a blueprint and a horror that lie at the heart of the way we live.