Por: Pepe (btw, no se burlen, tenía 19 años cuando hice esta entrevista)

Cuando le dijimos al director de arte si podíamos invitar a Eko a colaborar con la portada, nos dijo: «Pues a ver si quiere, es Eko». El hecho de que una personalidad del diseño y la ilustración como Mr. Kone hable con tal admiración y reserva de Eko, es un reflejo de la larga trayectoria recorrida.

Eko es el tipo de personaje que los más encumbrados artistas citan cuando se les pregunta cuáles son sus influencias, y no es para menos. Ha coexistido con la industria editorial de México y el mundo, desde tiempos de Huberto Batis con su suplemento Sábado, hasta el actual periódico La Crónica.

Si alguien puede hablarnos de la censura en galerías y medios impresos, es él. Salvo contadas excepciones, a la mayoría de los editores su obra parece vulgar o conflictiva. Su crítica abarca desde la política y las instituciones religiosas, hasta la hipocresía inherente al ciudadano promedio. Una de sus grandes virtudes es haber llevado esta gráfica incómoda a medios tan diversos, desde revistas y foros independientes hasta History Chanel.

Los dejamos con una personalidad clave de la gráfica mexicana contemporánea.

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M: ¿Cuándo comenzaste a ilustrar y cuál fue tu primer trabajo publicado?
E: Mis trabajos no son ilustraciones, son obras autónomas que a veces han acompañado textos. Una ilustración se somete al texto y sólo existe en función de él. Mis obras tienen una implicación propia. Mi primer trabajo lo publiqué a los 13 años en el suplemento de Carlos Monsiváis en Siempre.

¿Desde el principio hacías dibujo erótico o fue algo que eventualmente descubriste?
Descubrí el dibujo erótico a la edad en que descubres la masturbación. Después aprendí que a las mujeres les excita que le muestres dibujos eróticos.

Me llaman la atención estas dos caras de tu obra: el dibujo y los aforismos. ¿Cuál es su principal diferencia y en qué coinciden?
Coinciden en la fatalidad.  Los dibujos y los aforismos pueden marcar tu destino, y la diferencia está en el espectador: mientras quieres memorizar el aforismo y lo repites en el consciente, al dibujo lo repites en el inconsciente.

En pleno 2011 (yep, era 2011 cuando hicimos esta entrevista. Me siento viejo sólo de escribir esto), cuando todo es políticamente correcto y todos somos tan open mind, ¿aún son posibles la transgresión y el escándalo?
No somos open mind, vivimos en la época más represiva de nuestra historia y todo lo políticamente correcto es puritano, banal y mojigato. La trasgresión es quemar una placa como lo hacía Goya y dibujar las pesadillas de Sade.

¿Qué tan frecuentemente te has topado con la censura? ¿Algún hecho reciente?
Mi obra es como una enfermedad congénita, he vivido con la censura así como el deforme vive con la mirada del otro.

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¿Tiene la censura algo que ver con el estado de la sociedad en que se desarrolla?
La censura es un termómetro, entre más descompuesta y putrefacta está una sociedad, más implacable es su censura.

¿Qué hay, por ejemplo, de la libertad de expresión en línea, en gran parte responsabilidad de los mismos usuarios?
La red no es de los usuarios, la red es de los dueños del puntocom. El usuario llega hasta donde el dueño del puntocom se lo permite.

¿Qué piensas de la gráfica contemporánea, especialmente la que es muy bonita pero no propone gran cosa?
Eso no es obra gráfica, eso es decoración. 
¿Es válida la búsqueda de la estética por sí misma?
Absolutamente, ahora más que nunca, cuando se desconoce por completo el significado de la belleza.

Por otro lado ¿Qué piensas del arte contemporáneo, en general?
Es ocioso pensar en algo que no piensa, el arte contemporáneo es totalmente anti-inteligencia. Yo produzco a espaldas de esas manifestaciones sin sentido, sin esfuerzo y sin talento.

En el arte, ¿la provocación por sí sola es un fin?
Nunca. La provocación cuando es un fin es para llamar la atención de la forma más fácil. Todos saben que si insultas, pones suásticas o defecas en la galería, la sociedad va a reaccionar.

Platícanos un poco sobre tu colaboración con Huberto Batis o Fernando Benítez, editores de la vieja escuela.
Con Batis y Benítez yo aprendí que iba a tener dos tipos de editores: los que iban a ser mis cómplices y un apoyo a mi trabajo, como ellos lo fueron, y los otros, los que me han echado a patadas.

¿En qué ha cambiado el medio editorial desde entonces?
En los ochentas trabajé en el diario español El País y los editores me dejaban hacer lo que me viniera en gana. Cuando me llamaron de nuevo en el 2008, Tomás Ondarra el editor gráfico del periódico, me dijo que tenía que dictarme y dirigirme en cada dibujo. Y entonces lo mandé a beber por el culo.

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Háblanos de Denisse. ¿Quién es? ¿De dónde viene?
El día que leí al Marqués de Sade me obsesioné con crear un personaje femenino que tuviera la moral de Juliette y el sometimiento de Justine. Entonces parí a Denisse. Así como Atenea nació de una rodilla, Denisse nació de una eyaculación sobre un papel.

¿Hasta dónde debe llegar la libertad de expresión, si es que puede planteársele algún límite?
A mí la censura nunca me ha puesto límites. Yo he producido lo que he querido. Que esté marginado de los espacios no me limita al crear, al contrario, me provoca. Mi libertad creadora me la he dado yo, no es algo que tenga que pedir a nadie. Quien pida permiso para crear no es artista.

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Frente a un mundo como el que vivimos, ¿qué puede lograr el arte?
Todo, transformarlo. Este mundo, así como lo vivimos, sería infinitamente peor sin el arte.

¿Ahora en qué medios estás publicando? ¿En qué proyectos andas?
Estoy haciendo mi colección de aguafuertes de exlibris eróticos.

Finalmente, ¿algo que quisieras decir a los lectores de Migala?
Habla muy bien de ellos leer revistas de este tipo, con preocupaciones en el arte y la cultura.

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