Con fotos de un tal Kevin https://www.instagram.com/arrebol_/

Qué onda mi gente cómo va la pandemia. En mi caso, bien, sin precipitaciones al orco del covicho. En una de esas que estuve encerrado todo el día se me ocurrió y tuve por buena la siguiente idea:

Publicar colectivos de poesía en vez de poetas individuales. A ver si así se leen entre ellos y unidos hacen fuerza, porque pensándolo bien, el ocaso del poeta individual se debe a un dudoso amanecer de sí mismo. Así que aprovechando la hermosa invitación que me hizo Alexis a salir en su poscas, aproveché para sacarles unos poemas, dileté un año y ahora sí se los presento, junto con la introducción de sí mismos que me mandaron:

Lugar Común es un colectivo de poesía que radica en Guadalajara, Jalisco. Nació en el año 2018, con: Carolina Ramos, Claudia Reyes, Daniel Orozco, Guillermo Lomelí, Leo Mendoza y Alexis Verar como sus integrantes.

En fin en fin, gracias a todos por confiar en mí para publicar sus trabajos y dense, están chingones estos poemas.

Guillermo Lomelí González

Guadalajara (lomeligonzaguillermo@gmail.com). Estudiante de la carrera de psicología por parte de la Universidad de Guadalajara; músico dentro de la escena independiente de Guadalajara; experiencia como evaluador psicodiagnóstico y docente enfocado a población infantil y escritor sin publicaciones previas.

Canción para morgues

Envuelta en sábanas
azul cobalto
yace la larva
en la sala principal.

Alza la cabeza
Para ver
Los brazos desmembrados
Y los cráneos abiertos.

Se arrastra
por los pasillos
un hilo de sangre
se desprende
de sus llagas.

De a poco
se desbarata
entre cada metro.

Forenses se encargan
de rejuntar,
juntar el cuerpo.
antes de que llegara
a la ventana
para ver el cielo.

Le susurran
-has llegado, al fin
verás, lo verás
en cualquier momento-.

Cosen un trozo
de sábana azul cobalto
a sus ojos.

El cielo,
la larva
se detienen.

Ensayos

En la investigación
los forenses observaron
que días antes de su suicidio,
Takeo Arishima,
ahorcaba insectos
usando un hilo
y el bonsái en su escritorio

Hotaru

Poco antes de que los bombarderos
clavaran las mandíbulas sobre la ciudad,
atrapé una luciérnaga en el jardín
usando un frasco de cristal y una vela.
Para observar al animal inmóvil
apreté entre mis manos el cristal
y lo agité hasta agotarme

Cuando la dejé dormida en una mesa
sentí el deber de mi ternura,
le arranqué las alas, traté de cuidarla.

La acerqué a la corteza de un árbol,
dejé granos de arroz para que comiera.

A la mañana le conté a mi madre
y me regaño por maltratar al animal.

Tuve que enmendar el capricho.

Fui al árbol, la espalda apenas luz
petrificada en la corteza.

Tomé el cuerpo
con el tacto de una disculpa,
la sostuve con una mano,
en la otra, el fuego de un encendedor.

Esa era la muerte deseada
de cualquier soldado del viento divino.

Le prendí fuego
y la dejé caer sobre la tierra.

Claudia Reyes

Mazatlán, 1991, es poeta y ha publicado textos en la antología Rágafas de nombres y en la revista Timonel. Ha sido coordinadora del proyecto “Paisajes Literarios”, en la Secretaría de Cultura de Jalisco; y ha sido fundadora de “La Ballena Literata”, en Mazatlán, así como integrante del colectivo de poesía Lugar Común, en la ciudad de Guadalajara. Acaba de ganar el Fonca.

Agua

Cuando estemos dormidos para siempre,oh, Rodrigo Tomás: siempre estarás naciendo.
Gonzalo Rojas

Para Andrés y Gloria

Te observo cargar un algo que pesa
te colma el cuerpo,
y lo dobla.
Su tibia sustancia rebosa el cuenco de tus brazos
donde hundes los cabellos negros,
y lo envuelves;
porque siempre serás
con ese peso salobre que pende de tu ribera,
que no he visto todavía,
pero que mis manos ya aman y se agitan en lo vulnerables que son al amarlo.
Ese algo duerme en un sueño céntrico,
que en su contemplación nos mece, hondo
como el mar que respira allá afuera.
Deseo asirlo,
asir el agua,
hacer de mis manos una vasija para su encalle.
Pero Andrés se decanta en el compás de su existencia
y sé que de la misma forma que intentamos atrapar el mar en la orilla,
Andrés en su silencio crece y ya nos abandona.

Nunca quise ser un gánster
 
Antes de la guerra el patio era una sala de cine
y dios, un negociante de espaldas en una habitación oscura,
era admirado por hombres
que sentados en círculo descabezaban camarones.
 
Nunca quise ser un gánster.
Pero sí quería vestir una gabardina
con dorados botones bordados a mano
y un sombrero negro para salir a comprar naranjas.
 
Entonces la muerte era una flor roja
atravesando trajes de satín
en el cuerpo de hombres de torsos bellísimos.
 
Mi tío tampoco quería ser gánster,
ni doble en una escena de acción,
pero una tarde se arrastró por el suelo de la cocina
para cubrir el rostro de su hija
y bajo el altar de la virgen
salvarla del libreto.
 
Nunca quise ser un gánster,
recuerdo que deseaba trazar una cartografía de mundo,
encuadrarla en planos abiertos,
desde una Sony Handycam
filmar árboles montada en tractores verdes.
 
Un amigo de la infancia sí quiso ser gánster
porque leyó en un cielo del televisor
“The world is yours”
y desde ese día guardó una granada bajo el brazo.
 
Nadie quería ser un gánster,
ni vivir en este film de largo plazo
me rehúso a creer en este film
en el perdí el patio de mi infancia.

Mis recuerdos son ahora fotogramas afilados,
trayecto de ausencias
que circulan en una habitación oscura.

Daniel Orozco

Guadalajara, 1993. Pasé casi toda la niñez jugando en las consolas de Nintendo, la adolescencia viendo anime, la juventud leyendo y, aunque todavía no estoy viejo, ya me duele la rodilla. Me gusta mucho leer. Trabajo en un museo. Escritor de chocolate desde 2011, hacedor de textos de oficio desde 2015, pero hasta ahora en esos rubros no me han pagado.

De la colección «Películas»

JU ON

Son las siete y treinta de una tarde de lunes
y Pao me dice que no puede dormir tranquila
que se imagina en la soledad
el cuerpo de una mujer embolsada
que vocaliza el sonido de una matraca lenta
mientras se arrastra escaleras abajo

Nos han dicho durante siglos que la oscuridad
es lo que la luz deja al abandonar la habitación;
Takashi Shimizu dibuja la penumbra
como una madeja de cabello negro y lacio
que nace en el ático y se extiende palpitando,
en espasmos.

El trapeador, los recuerdos indeseados y la ansiedad
parecen estar hechos de esa misma materia.

Parece que todos nuestros miedos
nacen de algo cercano al cabello,
y que algunas veces una mano los empuja a andar.

Stand By Me

—Al gordo Dave lo llamaban Cerdo, incluso sus hermanos. En la escuela le pegaron un cartel
a la espalda que decía «carga pesada».

Dave estaba harto, quería vengarse. En el intermedio de la competencia de comer pay de
arándano decidió beber una botella de aceite de castor y un huevo crudo.

Un ruido de tractor retumbaba desde sus intestinos y vomitó cinco de esos pays sobre uno de
los chicos en la mesa de la comilona.

Este hombre vomita sobre otro, otro hombre vomita sobre el que tiene al lado, el alcalde que
organiza, dirige y juzga la competencia, vomita sobre los pechos de su esposa, la rubia de
mirada boba que lleva los pays a los competidores vomita a alguien más; en el público los
hijos vomitan a sus madres, los gemelos son recíprocos con sus vómitos y todos parecen
arrojar trozos mascados de arándanos desde una manguera pegada a sus mejillas. La orden de
benevolentes ancianos ven caer el espeso líquido violeta de sus tarbush blancos con astas de
antílopes, cascadas del orgullo Americano.

—¿Habían notado que el tren de carga parece no ir a ningún lado?

—¿Qué demonios es Goofy?

Aro

Una silla de madera.
Una ventana de una casa en los suburbios.
Un grabado de un árbol en llamas.
Una litografía del esqueleto de un caballo.
Un dedo atravesado por un clavo.
Un puñado de larvas de mosca.
Una composición fractal de varias personas retozando en el lodo.
Un ciempiés retirándose de la cena.
Un espejo con una mujer peinándose.
Un pozo siendo sellado por una loza.
Un VHS.
La venganza de un prestidigitador que no tomó la carta correcta.

Leo Mendoza

[pseudo-programmer, pseudo-fotógrafo, pseudo-músico, pseudo-poeta. En ese orden. Es claro que no sé qué hacer de mi vida y dejo todo a medi…]

Tiempo de confesarse

Al igual que todos
tuve una vida bastante jodida;
de niño abusaron de mí,
perdí amigos hasta el drama,
caí en las drogas, etc.
Solamente que nunca he sido bueno manejando el dinero
crecí pobre
y compré mierdas que no tuve en la infancia
Bla bla bla.
Terminé endeudado obviamente
no mucho
solamente 4 cifras
intenté obtener ayuda
pero los bancos y todos me dijeron que me jodiera.
Me desecharon como un pedazo de mierda,
y mi ira sólo subió y subió.
Literalmente mis únicos amigos son mis gatos.
Comencé a enseñarme a robar datos de las tarjetas de crédito,
robé dinero
mucho dinero.
Estaba tan desesperado
que fui estafado muy a menudo
confiando una y otra vez.
Ahora empecé a usar las tarjetas de crédito para mí
comprando Bitcoins con dinero robado
no me han atrapado
tampoco soy invisible, lo sé bien
pero simplemente no puedo dejar de robar.
Gente, sepan esto:
no es su dinero el que robo,
es el dinero de los bancos.
Odio los bancos.
Mi gata se enfermó
y le pagué todas sus cuentas médicas con dinero robado.
a mí no me importa
porque a nadie le importa
mi gata está estable y saludable
mi otro gato también lo está.
Bro,
odio que la vida se trate de dinero
si me voy al infierno por esto, está bien.
Al menos me confieso con Dios todos los días.


Traducción de una confesión anónima que encontré en la Deep Web. Time to confess es un sitio donde los usuarios (en su mayoría Hackers y estafadores) hacen y comentan confesiones anónimas.
Expongo el Onion: http://confesshbghw5vky.onion/

Modelo urbano para encontrar las farmacias de tu barrio


Un conteo de cada verruga;
como los puestos de tacos,
o farmacias,
o vinaterías que aparecen o desaparecen en tu barrio
que medianamente conoces porque cambia con el tiempo

Pálido en sus parques
oscuro en sus rincones
tu barrio
es una boca enorme;
mastica días,
mastica meses,
te escupe al final del año
para volverte a tragar
en una rumia infinita
con tu cuerpo perdido.

El lunar de tu índice derecho
mañana será el mismo de tu rodilla izquierda
no sabrás si apareció o se transportó
los únicos lunares que se quedan quietos son:
el que alguien más te descubrió
y el que señalaste cuando te preguntaron
¿Cuál es tu lunar favorito?
y diste instrucciones
como a alguien que le preguntan
por la farmacia de su barrio
que medianamente conoce
porque cambia con el tiempo.

Cuando nadie mira
juegas a no pisar las grietas en la acera
y quisieras regresar el tiempo para evitar dar un paso
eso es muy parecido a mirarte en el espejo;
y haber querido evitar las grietas de tus manos por el cloro
haber querido caminar por la sombra cuando te dirigiste a la vinatería
desvelarte menos buscando tacos abiertos
memorizar las farmacias de tu barrio por si preguntan
y alimentarte bien
como repite tu madre
desde otra ciudad en un barrio más antiguo
donde creciste jugando a no pisar las grietas
sin saber
que tu cuerpo se rompería como la acera de esas calles.
Debería ser un hábito
trazar un modelo urbano
del lugar donde vivimos a diario
para evitar sorprendernos cuando algo nuevo aparezca
y decir
eso no estaba ahí
siendo que nacimos con ello.

Alexis Verar

Nací un lunes que era 4 de marzo del 96; comencé a escribir cuentos sobre niños sin dientes por allá de cuarto de primaria, eventualmente fui adquiriéndole gustito hasta que en el 2018 ya con 22 años decidí tomármelo en serio, (sícierto, nocierto). Tengo un poemario: “arrópame ola”, que, primero Dios alguien me va a querer publicar, un podcast que se llama: “no tengo amigos” y hago reggaeton y r&b, el chiste es no dejar de moverse; estudié relaciones públicas y comunicación en la Universidad de Guadalajara e impartí talleres de iniciación a la poesía en la misma universidad.

El pilar más fuerte

Mi padre fuma desde que tiene nueve años
a esa edad también aprendió a conducir;
él mencionaba
que nunca tuvo amigos,
me habría gustado
ser el único.

Ahora mi padre
tiene más amigos de los que puede contar,
le he dicho que me molesta
que la casa
parece albergue o cantina,
ríe, porque ya tiene a quien abrazar
además de los que aparecemos con él
en aquella foto de la sala.

Mi padre,
que desde los nueve años fumaba
mientras aprendía a estacionarse,
dejó el tabaco hace unos cuatro años;
su hermano,
le contó que escribí un poema
donde explicaba las razones
por las cuáles yo sentía
un dolor en el pecho
y ardor en los pulmones cuando
lo veía fumar.

Mi papá dijo que el poema le desgarró
más que el mismo cigarrillo
prendido unas cien veces
adentro, en la garganta.

Mi padre que no terminó
la secundaria,
se casó a los veintitrés;
no llora nunca
dice que es muy sentimental
que no lo hace frente a nosotros
porque se dobla como las olas
al tocar sus pies
y es una sensación
ocre,
llorar es toser sin haber
dado bien su primera calada
y raspa el humo
sus ojos.

Mi padre que nació en un rancho,
besó los pies de un muerto
al no poder rescatar
a esa persona que se ahogó.

Me dijo que le preocupo mucho
y que siempre me va a apoyar,
dice
que teme porque he escrito
en las bienvenidas que doy
mucho sobre quitarme la vida,
cuando llega de trabajar.

Mi padre nunca llora
piedra que sostiene monumentos
quebrada que sugiere vértigo
y en el rompimiento de las olas
se levanta.

Mi padre que nunca llora
lloró cuando mi madre me llevó
al hospital a vacunarme;
no paré de llorar toda la noche
mi viejo, estatua en medio de mar abierto
símbolo inquebrantable
que es el océano,
me tuvo en su pecho
horas sin moverse y lloró conmigo
porque mi pierna nos dolía.

Mi padre que nunca llora
que aprendió a fumar desde los nueve
y conducía carros, camiones y trailers
desde su adolescencia
tuvo que subirme diez pisos
en el hospital de pediatría
cuando me detectaron una parálisis
en las piernas,

mi padre, roca que separa mares
identidades e idiomas,
se cansaba de cargar a su hijo
que se volvía inerte,
piedra que solo sirve
para estorbar en el camino,
mi padre,
mar abierto y salvaje,
genuino de las aguas dulces,
cargó sobre su espalda una roca
que desde niño coleccionaba
con sus sueños.

Misa de siete

I met the girl under full-bloomed cherry blossoms
and my fate has begun to change.

A veces
el diablo,
hace cosas buenas.
Decía el padre en el sermón.

Hablaba de Lucifer y su bondad
esa que hace que me prepare un domingo
por la tarde,
planche mi camisa,
doble las bastillas de mi pantalón
a la altura de los talones.

Oremos:

En aquellos días, Dios sacó a Abraham y le dijo:
«Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.»
Abraham intentó contar las estrellas
y vio que era posible.
El cantar de una estrella moribunda recitaba:
«El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?»

Yo, sentado en la séptima fila
del lado derecho, al lado
de nuestra santísima virgen de Lourdes
que se toca todos los días
para mantenerse pura y viva
y besa mortales como
tiritan los gusanos
en los picos de las aves
que juzgan,
y juzga sus pecados
y crea juegos eróticos
y se yuxtapone tímida
y me abraza
y me muerde el cuello
que suprimen el infierno
que se desliza
y tersa el cuerpo
sobre el santísimo
y me da la comunión.

Desde la séptima fila
oteaba que tu boca se movía,
no pronunciabas ninguna palabra,
solo seguías el ritmo de este canto de las estrellas.

Te vi girarte hacia tu padre,
le pediste monedas,
las echaste en la canasta,
a mi madre le tocó recoger la limosna
y a través de sus ojos te vi con los míos.

El coro de la iglesia nos invitaba a conocer al señor
yo no lo quería conocer, es cierto
te conozco a ti,
me imagino que es lo más cercano
a sentir sus palmas abriendo mi cabello
congratulándome por haber alimentado al pobre
no poner la otra mejilla,
no amar al prójimo,
no lo merece.
«Que la paz del señor, esté con todos ustedes».

Me giré a todos lados
estaba aislado,
no comí
llegué temprano a la cena del señor
y aún no sirven ni el vino.
Tus ojos se acercaron
vinieron desde el Gólgota
de haber presenciado
el renacimiento,
ojos tiempo.

Fui a servirme un poco de la sangre de Cristo
y tu benevolencia se giró ante el pueblo,
oh dulce Diosa.

Crucé la muchedumbre,
y me acerqué a ti.

La paz esté contigo,
desde el otro costado,
hasta la segunda fila del lado izquierdo
justo al lado de donde tenemos el corazón
te ofrecí la paz y la premisa
de que son quince a las ocho,
sugerencias cálidas.

Sabía que Dios me estaba mirando
y perdonó mis pecados mortales;
de haber matado a Dios
de no bautizarme si no era con tus ojos
de no hacer la primera comunión
si no es con tus manos
de no confirmarme
con esta ausencia que
crucifica.

Sabía que Dios me estaba mirando
con unos ojos que también buscaban
algo que aún no se había hecho
algo que olvidó el séptimo día.

Sabía que Dios me estaba mirando
por esa pureza que resbala de tus pestañas
hasta tu boca y se convierte
en aguas negras,
lloraste,
me dijiste:
que la paz esté contigo
me tocaste y comprendí
que la santa trinidad
vive en sus mismos ojos.

Dios madre
Dios amor
y Dios espíritu libre.

Entonces dime, oh Dios madre santísima
ahora que te tengo enfrente
y te doy la mano
con este pecado que has santificado
si te vuelvo a encontrar en Misa de siete
si te vuelvo a ver el séptimo día.